3er concurso  de
ideas en la  red
para estudiantes
de  arquitectura
de  Iberoamérica

consideraciones generales

El planteamiento de este concurso parte de una pregunta con una intención algo más profunda, que incluso puede ser entendida como trampa, voluntariamente realizada. Es esa clase de juego cruel que los mayores, a veces, desarrollan (desarrollamos) ante la mirada inocente de su interlocutor. En concreto, se pregunta sobre la vivienda social, en términos disciplinares y, en este caso, la pregunta va dirigida a estudiantes de arquitectura de Iberoamérica.

Es obvio, que tanto sobre vivienda social como sobre arquitectura sostenible, se ha escrito a raudales, desde los más variados puntos de vista, así como sobre sus contrarios. De hecho, es posible elaborar cualquier línea de argumentación deseada, seleccionando adecuadamente las referencias. Los estudiantes que han enviado propuesta evidencian la difusión que obtienen las actuales corrientes y tendencias de pensamiento. Al menos en el caso de los participantes, se observa el resultado de las tareas de difusión de la información que ejercen los distintos medios, tanto institucionales como publicitarios.

Sin embargo, hoy, como siempre, lo realmente necesario es establecer patrones solidarios de referencia, herramientas de pensamiento que permitan plantear los problemas en términos concretos de manera autosuficiente. Lina Bo Bardi se encarga de recordarnos que Brecht decía que “la libertad es colectiva o no es libertad”; trasladándolo, a nuestro ámbito de actuación, podemos expresar que la vivienda o es social o no es nada; o lo que es lo mismo, el acceso a una vivienda digna sólo puede proceder de una acción política general.

Todos los equipos o individuos participantes han localizado grandes bolsas de pobreza y miseria sobre las que actuar. Desgraciadamente esta es una situación más que frecuente en la mayor parte de nuestras ciudades. Sin embargo, de la lectura de los análisis realizados por los estudiantes se puede deducir, fácilmente, que éstos perciben este hecho como inevitable, como un daño colateral que hay que asumir y tratar de paliar.

Sólo unos pocos han empleado criterios precisos para analizar la realidad y detectar problemas. La herramienta más empleada en los análisis ha sido la fotografía, pero sólo en unos pocos se vislumbra un intento de crítica fotográfica real, tal y como ya proponía, entre otros, Tafuri; en el resto, el enfoque dado ha sido de carácter más bien pintoresco, tratando de ver el lado, incluso colorista y antisistema, de la miseria. Por otra parte, la mayoría de los proyectos han incidido, principalmente, en las necesarias cuestiones de diseño arquitectónico, aunque por lo general no se expresa que esto no es suficiente ya que, evidentemente, la estructura sobre el territorio, el ordenamiento de la edificación de carácter público y generalizado es indispensable para evitar la segregación y la marginación. Es decir, en cualquier punto de la red, las condiciones de entorno deberían ser igualmente idóneas.

Es emocionante que el lanzamiento de una invitación a participar en un concurso tan peculiar como éste, obtenga una respuesta tan entusiasta y trabajada, de estudiantes que viven en lugares tan distantes. Si la valoración se asociara exclusivamente al entusiasmo, se podría asegurar que el resultado es magnífico. Los participantes en el concurso, todos, se han entregado personal y materialmente en el intento, aunque, como es lógico, sólo unos pocos hayan obtenido un reconocimiento explícito.

No hace falta decir que un arquitecto no puede trabajar sin clientes, lo que convierte este interés en inusitado. Los alumnos son una extracción de la sociedad de la que proceden que, de un modo casi generalizado, propaga un modelo de éxito basado en la exaltación del esnobismo. Es decir, mayoritariamente, tanto los posibles clientes como los arquitectos valoran la enseñanza, no como una capacitación personal en conocimientos y habilidades, sino como un modo de acceder a la notoriedad, entendiendo la innovación más como novedad que como avance social.

Volvemos al principio: si el desarrollo no es colectivo no hay avance. Los estudiantes se encuentran en un momento inmejorable de sus vidas para el aprendizaje. La cuestión a plantear es si las enseñanzas universitarias y profesionales pueden continuar contribuyendo al sostenimiento de la coyuntura actual.

Eva Álvarez
Coordinadora del concurso